Mortalidad infantil (niños menores de 5 años)

1 de mayo de 2026

Datos y cifras

  • Se estima que, en 2024, fallecieron en todo el mundo 4,9 millones de niños menores de 5 años, es decir, una defunción cada seis segundos.
  • Las muertes neonatales (durante los primeros 28 días de vida) ascendieron a 2,3 millones, lo que representa el 47 % de todas las defunciones de niños menores de cinco años.
  • A nivel mundial, la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años disminuyó en 2024 hasta situarse en 37,4 muertes por cada 1000 nacidos vivos, menos de la mitad de las cifras en 2000.
  • Los avances en la reducción de la mortalidad de niños menores de 5 años se han ralentizado notablemente desde 2015, y la cifra total de defunciones de niños menores de 5 años se estancó entre 2022 y 2024.
  • El África Subsahariana y Asia meridional concentraron, entre ambas regiones, más del 80 % de todas las defunciones de niños menores de 5 años en 2024, pese a representar menos del 60 % de los nacidos vivos en todo el mundo.
  • Los niños nacidos en el África Subsahariana siguen siendo los que están en situación de mayor riesgo, con una tasa de mortalidad de niños menores de 5 años de 71,6 defunciones por cada 1000 nacidos vivos, prácticamente 14 veces mayor que en Europa y Norteamérica.
  • Las causas principales de mortalidad entre los niños menores de 5 años son complicaciones prematuras, eventos relacionados con el parto (asfixia perinatal/trauma en el momento del parto), neumonía, diarrea y paludismo, y todas ellas son en gran medida prevenibles o tratables.

Panorama general

En los últimos tres decenios se han logrado avances sustanciales en la reducción de la mortalidad infantil. Desde 1990, la tasa mundial de mortalidad de niños menores de 5 años ha disminuido aproximadamente un 60 %, lo que refleja un mayor acceso a la inmunización, una mejor nutrición, un mejor manejo de las enfermedades infantiles y una mayor disponibilidad al nacer de personal de salud cualificado.

Sin embargo, la mayor parte de los avances son anteriores a 2015. Entre 2015 y 2024, la tasa anual de reducción de la mortalidad de niños menores de 5 años cayó más de la mitad en comparación con el periodo 2000–2015. En los últimos años, se ha estancado el número total de fallecimientos de niños menores de 5 años, y desde 2022 se mantiene en, aproximadamente, 4,8–4,9 millones de defunciones anuales. Esta tendencia resulta especialmente preocupante dado el gran número de defunciones debidas a causas prevenibles.

Casi la mitad de todas las muertes de niños menores de 5 años se producen ahora en el periodo neonatal, lo que refleja un descenso más lento de la mortalidad neonatal en comparación con la mortalidad entre los niños de 1 a 59 meses. La prematuridad, los eventos relacionados con el parto (asfixia perinatal/trauma en el momento del parto), las infecciones respiratorias de las vías bajas (neumonía) y la sepsis fueron las causas más comunes de mortalidad entre los recién nacidos, y representaron casi 8 de cada 10 defunciones neonatales. Prevenir los fallecimientos neonatales requiere atención prenatal, durante el parto y posnatal de calidad, incluido el acceso al nacer a personal de salud cualificado y a cuidados esenciales para el recién nacido.

Las perspectivas de supervivencia infantil siguen siendo profundamente desiguales. En 2024, más de cuatro de cada cinco muertes de niños menores de 5 años en todo el mundo ocurrieron en el África Subsahariana (2,8 millones, el 58 % de las muertes de niños menores de 5 años) y en Asia meridional (1,2 millones, el 25 % de las muertes de niños menores de 5 años), lo que pone de manifiesto la concentración geográfica de la carga mundial de la mortalidad infantil. Los entornos frágiles y afectados por conflictos y los países de ingreso bajo se enfrentan a riesgos particularmente elevados, impulsados por unos sistemas de salud débiles, un acceso limitado a servicios esenciales, la pobreza y el crecimiento de la población.

Si persisten las tendencias actuales, las proyecciones indican que más de 27 millones de niños morirán entre 2025 y 2030 antes de cumplir cinco años, la mayoría por causas prevenibles.

¿Qué personas corren más riesgo?

Si bien el número de países con una mortalidad de niños menores de 5 años extremadamente elevada es reducido, se encuentran principalmente en el África Subsahariana. En 2024, solo tres países (el Níger, Nigeria y Somalia) tuvieron una tasa de mortalidad de niños menores de 5 años superior a 100 defunciones por cada 1000 nacidos vivos, frente a 41 países en 2000.

Recién nacidos en entornos sin acceso a una atención de calidad al nacer. La gran mayoría de estas defunciones se producen en países de ingreso bajo y mediano.

Los niños que viven en entornos frágiles y afectados por conflictos se enfrentan a unas tasas de mortalidad sustancialmente más elevadas. En 2024, la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años en el caso de los niños que vivían en estos entornos prácticamente triplicaba la tasa de los niños que vivían en países que no pertenecían a esta categoría.

Niños de hogares en situación de suma pobreza, zonas rurales y nacidos de madres con una educación limitada. La mortalidad en el caso de los niños menores de 5 años fue aproximadamente 1,5 veces mayor en las zonas rurales que en las urbanas, y los riesgos son mayores en el caso de una maternidad temprana, unos intervalos entre nacimientos sucesivos más cortos y un alto orden de nacimiento.

¿Qué puede hacerse?

Para acabar con las defunciones infantiles evitables es necesario:

  • fortalecer los sistemas de salud, en particular los servicios de salud materna, neonatal e infantil;
  • garantizar la disponibilidad al nacer de personal de salud cualificado y una atención de calidad para el recién nacido;
  • ampliar la prevención y el tratamiento de la neumonía, la diarrea y el paludismo;
  • mejorar la nutrición, el agua y el saneamiento; y
  • proteger las inversiones en la esfera de la salud infantil, en particular en entornos de alta carga y frágiles.

Las familias deberían:

  • buscar atención médica inmediata si es necesario (los signos de peligro incluyen problemas de alimentación, o que un recién nacido o un niño pequeño muestre actividad reducida, presente dificultades para respirar o tenga fiebre, ataques o convulsiones o frío);
  • inscribir todos los nacimientos; y
  • vacunar oportunamente a los lactantes, de acuerdo con los calendarios nacionales.